Es frecuente que las personas lleven donaciones a las bibliotecas. A veces guiadas por el cariño a su vieja escuela o universidad, a veces porque son socios y usuarios de la biblioteca del barrio, a veces cumpliendo con un legado, a veces porque no saben qué hacer con todos esos libros y materiales propios o ajenos. Esas donaciones a veces son motivo de alegría para una biblioteca. Permiten acceder a títulos costosos o fuera de circulación, editados en otros países, o a más ejemplares de aquellos títulos de uso tan frecuente que los ejemplares disponibles nunca alcanzan. Pero otras veces... una donación es un castigo. Libros viejos, deteriorados y hasta enfermos, capaces de contaminar a toda una colección. Títulos desactualizados o sin ningún valor intrínseco. Temas ajenos a los intereses de la biblioteca. En fin, que un libro como tal es simplemente un objeto y su contenido puede ser una obra maestra o una tontería irrelevante. Otro tema a tener en cuenta e...
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